La web de un restaurante tiene tres trabajos: enseñar la carta sin obligar a descargar un PDF, dejar reservar sin llamar por teléfono y que el horario se lea desde el móvil en la calle. Puedes ver una terminada —Marea, un restaurante de producto en València— antes de encargar la tuya.
Un PDF en el móvil obliga a hacer zoom, pesa y Google no lo lee como parte de la página. La carta en texto se busca, se traduce y se actualiza cambiando una línea.
Buena parte de las reservas se piden fuera del horario de servicio, cuando no hay nadie para coger el teléfono. Si no hay formulario o enlace de reserva, esa mesa se pierde.
La foto de un plato genérico no vende: quien mira quiere saber si el sitio le encaja para una comida de trabajo o para una cena. Se ve en la sala, no en el plato.
Es lo que Google enseña en la ficha del negocio y lo que más se consulta. Si están dentro de una imagen, no existen.
Sí. La carta es texto en la página, así que cambiar un plato o un precio es editar una línea. Si prefieres no tocar nada, el plan de mantenimiento incluye esos cambios.
Sí. La plantilla trae formulario propio, y se puede sustituir por el widget de la plataforma de reservas que ya uses.
Para los dos, aunque hay una plantilla pensada específicamente para cervecerías y bares, con la pizarra de grifos y la agenda de conciertos.
Se parte de esta plantilla y se adapta a tu negocio: contenido, colores, secciones propias y el dominio. Web corporativa desde 550 €, con entrega en 7-15 días y precio cerrado antes de empezar.